Introducción

Los doce Grandes de la Poesía de Amor, es una selección de autores de letras hispanas, que trascienden en el mundo de la literatura, esta selección fue extraída gracias a el libro de:

“Antología de las Poesías de Amor en Lengua Española” de Luis María Anson

Por mencionar a algunos escritores incluidos están:

Sor Juana Inés de la Cruz

Rubén Dario

Pablo Neruda 

Entre otros….

Dulce silencioso pensamiento

Por Miguel de Unamuno

En el fondo, las risas de mis hijos;

yo sentado al amor de la camilla;

Heródoto me ofreció rica cilla

del eterno saber y, entre acertijos

de la Pitia venal,cuentos prolijos,

realce de la eterna maravilla

de nuestro sino. Frente a mí, en su silla,

ella cose, y teniendo un rato fijos

mis ojos de sus ojos en la gloria,

digiero los secretos de la historia

y en la paz santa que mi casa cierra, 

al tranquilo compás de un quieto aliento,

era en mí, como un manso buey la tierra,

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Fuente de Imagen: nationalgeographic.com

el dulce silencioso pensamiento.

Mujeres

Por: Dámaso Alonso

Oh blancura. ¿Quién puso en nuestras vidas 

de frenéticas bestias abismales

este claror de luces siderales,

estas nieves con sueño enardecidas?

 

Oh dulces bestezuelas perseguidas

Oh terso roce. Oh signos cenitales.

Oh músicas. Oh llamas. Oh cristales.

Oh velas altas, de la mar surgidas.

 

Ay timidos fulgores, otro puro,

¿quién os trajo a este pecho de hombre duro,

a este negro fragor de odio y olvido?

 

Dulces espectros, nubes, flores vanas…

¡Oh tiernas sombras, vagamente humanas,

tristes mujeres, de aire o de gemido!

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El enamorado

Por:  Jorge Luis Borges

Lunas, marfiles,instrumentos, rosas

Lámparas y la línea de Durero

Las nueve cifras y el cambiante cero,

Debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron

Persépolis y Roma y que una arena

Sútil midió la suerte de la almena

Que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira

 De la epopeya y los pasados mares

Que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.

Sólo tú eres. Tú, mi desventura

Y mi ventura, inagotable y pura.

 

 

Primer día

Por:  Octavio Paz

Del verdecido júbilo del cielo

luces recobras que la luna pierde

porque la luz de sí misma recuerde

relámpagos y otoños en tu pelo.

 

El viento bebe viento en su revuelvo,

mueve las hojas y su lluvia verde,

moja tus hombros, tus espaldas muerde 

y te desnuda y quema y vuelve yelo.

 

Dos barcos de velamen desplegado 

tus dos pechos, Tu espalda es un torrente.

Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma

Bajo el verde cielo adolescente

tu cuerpo da su enamorada suma.

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Sed de ti

 

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Por: Pablo Neruda

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta su vida se alza.

Ebria sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas.[...]

 

[...] Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa  es la amarra cómo poder cortarla,cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que  en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

 

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

Sabes tanto de mí

Por: Rafael Alberti

Sabes tanto de mí, que yo mismo quisiera

repetir con tus labios mi propia poesía

elegir un paisaje de mi vida primera:

un cometa en la playa, peinado por Sofía.

No tengo que esperar ni que decirte espera

a ver en la memoria de la melancolía,

los pinares de Ibiza, la escondida trinchera,

el lento amanecer, sin que llegara el día.

Y luego, amor, y luego, ver que la vida avanza

plena de abiertos años y plena de colores, 

sin final, no cerrada al sol por ningún muro.

Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,

que los años en mí no son hojas, son flores,

que nunca soy pasado, sino siempre futuro.
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Del amor desesperado

Por: Federico García Lorca 

La noche no quiere venir,

para que tú no vengas,

ni yo pueda ir.

Pero yo iré

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tu vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir

para que tú no vengas,

ni yo pueda ir.

Pero yo iré

entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tu vendrás 

por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir

para que por ti muera

y tú mueras por mí.

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Fuente de Imagen: nationalgeographic.com

Nathalie Sarraute

Fuente de la Imagen: www.poemas-del-alma.com

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El 19 de julio de 1900 nació en la ciudad de Ivánovo, cercana a Moscú, la escritora francesa de origen ruso Natacha Tcherniak, quien quedó en la historia literaria como una de las representantes más destacadas de la corriente conocida como nouveau roman (donde también están incluídos Alain Robbe-Grillet, Michel Butor, Samuel Beckett y Claude Simon, entre otros) y se hizo popular a través de su seudónimo, Nathalie Sarraute.

Pocos años después de haber nacido, para ser más exactos en 1909, la separación de sus padres genera que ella fuese educada en París, donde esta descendiente de intelectuales judíos cursó la carrera de Derecho después de haber estudiado Historia en Oxford y Sociología en Berlín. Ya recibida de abogada, Nathalie se siente atraída por la literatura del siglo XX y es en ese marco en el que descubre las obras del francés Marcel Proust y la inglesa Virginia Woolf.

En 1932, siete años después de haber contraído matrimonio con el también abogado Raymond Sarraute (con quien compartía su amor por el arte y la literatura, y llegaría a tener tres hijos), esta francesa comienza a desarrollar su faceta como escritora y, tras haber publicado su primer libro, decide abandonar de forma definitiva su actividad jurídica para dedicarse por completo al mundo de las letras.

A partir de entonces, Nathalie Sarraute comenzaría a construir una sólida obra literaria que sería traducida, con el transcurso del tiempo, a más de veinte idiomas. “La era de la sospecha”, “Retrato de un desconocido”, “El señor Martereau”, “Los frutos de oro”, “Entre la vida y la muerte”, “¿Los oye usted?”, “Dicen los imbéciles”, “Tú no te quieres” e “Infancia” son algunos de los títulos de su autoría.

Esta escritora que también demostró talento en materia de guiones radiofónicos falleció en París el 19 de octubre de 1999.

Fuente: www.poemas-del-alma.com

Samuel Beckett

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Dentro del denominado “teatro del absurdo”, uno de los exponentes que más se ha destacado ha sido el novelista, dramaturgo, crítico y poeta irlandés que nació el 13 de abril de 1906 bajo el nombre de Samuel Barclay Beckett.

Además de desarrollar su afición literaria, Beckett se formó en múltiples disciplinas: aprendió música durante sus primeros años de vida, se destacó como deportista en el rugby, el tenis y el cricket y, entre 1923 y 1927, estudió francés, italiano e inglés en el Trinity College de Dublin.

Ya licenciado en Filología Moderna, el novelista se dedicó por un periodo corto de tiempo a dar clases en el Campbell College de Belfast y luego aceptó el puesto de “lecteur d’anglais” (lector de inglés), en la Ecole Normale Supérieure de París. Por ese entonces, el poeta Thomas MacGreevy ofició de intermediario para que Beckett conociera al escritor James Joyce. Pronto, el joven Samuel ganaría un importante respaldo literario al convertirse en asistente del autor de obras como “Ulises”, “Finnegans wake” y “Retrato del artista adolescente”, entre otras.

En 1929, Beckett inició su carrera en el mundo de las letras a través del ensayo crítico “Dante… Bruno… Vico… Joyce”, al que años después se sumó el relato breve titulado “Assumption” (“Conjetura”). Tiempo más tarde, su poema “Whoroscope” fue reconocido a través de un pequeño premio literario.

El comienzo de la década del ’30 encontró al escritor de regreso a sus actividades como profesor del Trinity College, pero esa vocación no le duró demasiado y, en 1931, abandonó ese puesto académico y comenzó a viajar por Europa. Luego de una breve estadía en Londres, la creación de un estudio crítico sobre el francés Marcel Proust y un tratamiento psicológico como consecuencia de la muerte de su padre, Samuel Beckett se animó a escribir su primera novela, que apareció varios años después bajo el título de “Dream of fair to middling women”.

En 1935, el escritor alcanzó cierta repercusión con su libro de poesías “Echo’s Bones and other precipitates” y comenzó a darle forma a una novela que más tarde se conocería como “Murphy” y que el propio Beckett tradujo al francés. Los años sucesivos encontraron al novelista sumergido en una vida muy agitada: no sólo se instaló de forma definitiva en Paris, sino que tuvo un romance con la mecenas estadounidense Peggy Guggenheim, fue apuñalado, comenzó una relación amorosa con la pianista Suzanne Deschevaux-Dumesnil y, como si todo eso no bastara, tras la ocupación alemana de 1940, se alistó en la Resistencia Francesa. Por esa actitud y todo su esfuerzo, el gobierno francés recompensó a Beckett con la Croix de Guerre y la Médaille de la Résistance.

Con numerosas obras literarias en su haber, el autor que alcanzó la fama mundial a través del drama “Esperando a Godot” y que fue reconocido en 1969 con el Premio Nobel de Literatura, murió el 22 de diciembre de 1989, meses después de que falleciera su compañera Suzanne.

Fuente: www.poemas-del-alma.com